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    viernes, 25 de marzo de 2016

    Cruyff, a quien Guardiola llama Dios

    El modelo que impuso el holandés fue perfeccionado por su discípulo hasta llevar al club a la cima mundial.



    «Todavía recuerdo cuando me dijeron, al llegar al Barcelona, que en la cantera había un chico que era de lo mejor técnicamente. ¿Por qué entonces no estaba ni en el filial, ni en el juvenil A? Lo encontré en el segundo equipo juvenil. La excusa que me dieron era la de siempre: que era débil físicamente. Ordené que lo pasaran al filial y que lo colocaran en una posición en la que se exigiera más. Al sentirse valorado, dio un salto. Si a los chicos de la cantera no les creas la expectativa, los matas. Los menos fuertes, además, han desarrollado una inteligencia especial, una habilidad para buscar alternativas, porque si no lo hacen y chocan, están perdidos. Aprendes en base a tu cuerpo. A mí me sucedió, porque yo no era fuerte».

    Aquel chico al que Johan Cruyff, ya retirado, recordaba en una charla era Pep Guardiola, convertido muy poco después en el eje del Dream Team, en el cuatro, puesto que es como la clave de bóveda de un juego que ha llevado al Barcelona a la cima mundial. La selección española ha sido, asimismo, beneficiaria. El día de la sublimación definitiva, en Sudáfrica, el propio Cruyff dijo tener el alma dividida entre los colores de su país, Holanda, y los colores del juego. Mejor no haberle preguntado cuáles representaban mejor a su verdadera patria.

    «Si estoy aquí es porque Cruyff impuso que jugara en el filial. Sin su presencia y la de Charly Rexach, jamás habría sido futbolista del Barcelona, no habría llegado, lo sé. Antes no había ido nunca a las selecciones inferiores. Al llegar al primer equipo, Cruyff me corregía constantemente en los entrenamientos. En el primer partido, jugué ya de mediocentro. Creía que lo había hecho bien, pero al acabar, vino el míster y me soltó: 'Lento, lentísimo'. Pensé que no volvería, pero volví». En su madurez como jugador, Guardiola hablaba con gratitud y admiración del que consideraba mucho más que su padre deportivo. En realidad, cuando se refería a Cruyff, le llamaba Déu, Dios.

    La decisión con respecto al Guardiola imberbe es la metáfora de la revolución que supuso la llegada de Cruyff como entrenador al Barcelona, mucho más influyente que su paso como futbolista, pese al efectista 0-5 del Bernabéu y la Liga conquistada. El holandés sistematizó el funcionamiento técnico de un club que siempre había tenido tanta querencia por el buen juego como por el fatalismo, frente a un Madrid racial y ganador. Al modelo de juego impuesto en todas las categorías, añadió Cruyff una competitividad de la que el club había carecido. De alguna forma, transmitió al equipo una personalidad vital y optimista, y en buena parte arrogante. Cuando se recaba su legado, se habla mucho del juego y poco de la mentalidad que cambió a partir de su paso, y que se refleja en la forma de ganar siempre cuando es clave hacerlo, como en tres de las cuatro Ligas o en la final de Wembley, en la prórroga.

    Cruyff había sido dirigido en el Ajax por el rumano Stefan Kovacs, al que se le considera iniciador del fútbol total, y por Rinus Michels tanto en el club de Amsterdam como en la selección holandesa y el Barcelona. Perfeccionó sus enseñanzas con el desarrollo de un juego basado en la posición y los roles, donde el movimiento que importa es el del balón. Podría decirse que Guardiola acabó la obra, al añadir una extenuante presión adelantada, en el año de los seis títulos. Mientras observaba su trabajo, Cruyff decía: «Hay entrenadores y enseñadores. Guardiola es ambas cosas».
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